Natación o como pasé de comer pies a ser mi deporte cabecera

Pilates, step, cubbá, spinning, body pump, pesas… He hablado de muchas modalidades deportivas que he practicado o practico, pero me había dejado mi favorita, hablo de la natación. Llegué a ella casi de forma obligada pero después se convirtió no solo en un sano ejercicio sino también en mi momento relax.

Todo empezó con una de esas recomendaciones lapidarias tan fantásticas que te hacen los médicos, concretamente fue: “como no fortalezcas la espalda a los 40 no te vas a poder mover de la cama”, tal cual. A mis 24 años los 40 pertenecían a un horizonte muy muy lejano (ilusa) pero no lo suficiente para que sus palabras surtieran efecto y decidiera poner manos a la obra. La natación fue el deporte que me recomendó (algo me suena de unas abdominales, pero vagamente…) y aprovechando que cerca de casa tenía una piscina cubierta allá que fui.

Una piensa que sabe nadar hasta que va a clases de natación de mayor y se da cuenta de que todos estos años se ha dedicado a flotar, con más o menos gracia. Por eso recomiendo a todos los que estén pensando nadar que acudan a clases, a no ser que sean David Meca, claro. Si no nadamos con algo de técnica podemos llegar incluso a hacernos daño, nos cansaremos más y más pronto o más tarde abandonaremos este deporte ya que no notaremos avances ni mejoras. Unos meses en clase y ya podremos defendernos solitos en las pocas veces cristalinas aguas de la piscina.

No nos vamos a engañar, los comienzos fueron duros, precisamente por esa falta total de técnica. Tocó “reeducar” la posición, las respiraciones, los movimientos… El cansancio era grande y el avance poco, todos me adelantaban salpicándome a su paso con los pies (los que nadáis sabéis lo desagradable que es esto, sin contar con la rabia que da…) Pero poco a poco comencé a notar mejoras, me cansaba menos y avanzaba a mayor velocidad. Dejé de comer pies y empecé a disfrutar realmente de la actividad.

Las mejoras las noté pronto, los dolores de espalda desaparecieron, me sentía con más energía y fuerza y, aunque bajar de peso no era la prioridad, si que observe una gran mejora en la tonicidad de los músculos, la figura se moldeó y bajé alguna talla. Para ello es necesario ser constante, en mi caso acudía entre dos y tres días a la semana.

Recapitulando: Mejoras en el sistema cardio vascular, desaparición de dolores articulares, aumento de la fuerza, beneficios para el sistema circulatorio y mayor control sobre la propia respiración, serían algunas de sus principales ventajas. Aunque lo mejor sin duda para mí es la sensación de liberación que el agua ofrece, es algo que no he notado en ninguna otra modalidad deportiva. Zambullirme en la piscina equivale a dejar atrás todo pensamiento y centrarme solo en los movimientos del cuerpo y la respiración. El contacto con el agua tiene además ese punto de diversión que hace que por muchos largos que hagas tienes ganas de seguir solo uno más porque la sensación de cansancio es diferente a cuando haces ejercicio en la tierra.

piscina cubierta (2).jpgOtra de sus grandes ventajas es que es adecuada para todo el mundo sin tener en cuenta edad o condición física. Quizá haya que adaptar el estilo de nado o el tiempo pero muy poca gente tiene prohibido practicar natación. Recuerdo que durante mi primer embarazo estaba deseando ir a la piscina solo por dejar de sentirme como una ballena fuera del agua, era mi hábitat natural. El alivio era enorme y como iba a mi ritmo no hacía un esfuerzo excesivo, eso sí, buscando la hora en que hubiera menos gente.

Y es que con este deporte pasa como con todos, que tiene sus peculiaridades. Si estamos en una piscina muy masificada disfrutar disfrutas poco, pies para arriba, pies para abajo, codazos al adelantar, salpicada de agua en la boca cuando vas de espaldas… Todo sin querer claro, que somos muy civilizados… Por eso recomiendo, sobre todo a los principiantes, que no elijan las horas punta y que se informen bien de cuanta gente habrá en la clase.

Por lo demás es un deporte que no requiere una gran inversión. Tampoco hagáis como yo que como no sabía si me gustaría opte por hacer la mínima. Tiré de Decathlon por lo bajo y al final tenía unas gafas que o me dejaban los ojos como un mapache o me entraba agua por todos lados, un gorro que al mes parecía una bolsa de plástico colgando de mi cabeza y un bañador que dio de sí más de lo deseable. Así que cuando me robaron el gorro y las gafas del vestuario mientras iba al baño no me dió ninguna pena y de paso aprendí que NUNCA puedes dejar ni un gancho del pelo sin supervisión, hay gente pa tó.

Como veis hay muchas razones para escoger la natación como deporte cabecera, aún añadiría otra, especialmente para la mujer: Te ayuda a estar depilada todo el año. Sí, es una cuestión que en invierno solemos dejar un poco de lado, pues bien, cuando te plantas en la piscina con todo el equipo y descubres que se te ha olvidado pasar la podadora se te cae el mundo encima. Aún así allá que vas pensando “esto en el agua no se ve”… Aunque lo cierto es que sí, se ve todo. Afortunadamente el gorro es obligatorio, pese a eso ves más pelos que en una reunión de wookies. Si eres muy escrupuloso mejor no te fijes mucho en tu alrededor (y menos en las piernas de mujeres olvidadizas) y céntrate en nadar.

Anécdotas aparte la natación es el deporte por excelencia, por lo menos para mí. Al principio puede dar un poco de pereza, desplazarse hasta la piscina, el frío contacto inicial con el agua, las luchas en las calles… Pero al final vale la pena. La sensación después de una sesión es de relax total y si encima es bueno para nuestra salud, ¿qué más se puede pedir?

¿Os he convencido para ir corriendo a apuntaros? ¿Practicáis natación, qué tal es vuestra experiencia?

 

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6 comentarios en “Natación o como pasé de comer pies a ser mi deporte cabecera

  1. Ostras!! me has metido el gusanillo en el cuerpo otra vez!!
    Yo hubo un tiempo en que iba mucho a nadar, pero lo dejé porque cuando empecé con la alergia, el olor a cloro no me resultaba muy beneficioso y me ponía peor.
    También fui durante el embarazo a clases de matronatación, ¡eran lo más! me sentía ligera y sin peso, pero lo peor era salir del agua, volvía a la cruda realidad rápidamente y mis lumbares volvían a resentirse.
    Voy a informarme para ver si puedo apuntarme a clases. Creo que se nadar, pero igual, como tu dices, sólo me limito a flotar, jajajaja!!
    Sigue así!! me encanta todo lo que escribes!!

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