Las (des)ventajas de tener pueblo

Las vacaciones de Pascua ya están ahí asomando la patita, una gran mayoría de nosotros cogeremos la carretera y nos iremos al pueblo. Ese lugar entrañable, del que guardamos los mejores recuerdos de infancia, los primeros amores, las primeras fiestas… Todos los que tienen pueblo al que acudir saben de que hablo. Las virtudes de la tierra que nos vió nacer, a nosotros o a nuestros padres y abuelos, son muchas. Se ha escrito hasta la saciedad sobre las ventajas de los pueblos en vacaciones, quizá algún día lo haga yo también, pero ahora toca hablar de las desventajas, porque también las hay y si no atentos.

La primera y más importante como tienes pueblo hay que ir. Olvídate de hacer una escapadita a Roma o pasar los cuatro días en un apartamento en la playa. Si hay pueblo vamos al pueblo que para eso está ¿no? Y da gracias, que como están las cosas hay gente que no puede salir ni de su casa, así que no te quejes.

Si es que estás como en casa… Sí y de eso se trata no quiero estar como en casa, porque en casa cocino, lavo, friego, hago las camas… Vale, yo no me puedo quejar, que los abuelos hacen mucho, aunque alguna fregada que otra hay que hacer, faltaría más.

Lo de la familia es otra. Que conste que los quiero mucho, pero pasar cinco días todos juntos en casa se aleja del ideal de descanso, relax o intimidad que le pides a unas vacaciones. Sí, vienen bien para quedarse con los niños mientras tú sales a cenar y de fiesta. Eso sí, no te pases que mañana la vecina da el parte.

Y es que qué bonito es que te conozcan todos, te saluden por tu nombre y se sepan todo tu árbol genealógico ¿verdad? Es bonito hasta que te pillan subida en la mesa del billar dándolo todo con la última de Beyoncé, a ti, madre de familia, poca vergüenza… Y ten cuidado con quien hablas y de qué, porque al día siguiente te dedican un bando.

Las fiestas y el desfase van muy asociados a los pueblos, especialmente de jóvenes ¿a que sí? Pero ahora tenemos una edad y cuando ves al grupo de quinceañeros haciendo botellón no recuerdas tiempos pasados, sino que anticipas el futuro y ves a tus hijos haciendo equilibrios encima de la fuente con un cubata en la mano, y eso ya no mola tanto. Por ahora mi plan es dejar de ir al pueblo desde los 11 y hasta que cumplan 18 años.

Son edades críticas ya lo sé, edades de los primeros amores, esos que solo se vivían en verano, luego ibas al siguiente y todo había cambiado, pero seguías yendo verano tras verano. Y el/la susodicha se casa, tiene hijos y piensas “qué mayor se ha hecho” y te miras al espejo y dices “qué mayor me he hecho” y te entra el bajón… Mejor se lo ahorramos a nuestros hijos.

Ahora ellos sí que disfrutan en el pueblo, qué maravilloso verlos correr asalvajados, sin horarios, sin control, lanzando piedras al río o a la cabeza del otro, qué más da… Luego a ver quién es el valiente que los lleva de vuelta a su pisito y su rutina. Hay veces que solo por no pasar esa (re)adaptación me quedaría en casa.

El pueblo, donde se come como en ningún sitio, y si no que se lo digan a la báscula cuando vuelves a casa que casi te insulta cuando subes encima. Y es que son las mejores carnicerías y panaderías, los mejores productos, eso sí cuando están abiertos. Como sean fiestas de guardar ya te puedes venir bien aprovisionado de casa o estar dispuesto a hacerte 40 kilómetros hasta el pueblo de al lado para comprar el Dalsi, ¿los niños no saben que no se pueden poner malos en los pueblos?

No, no lo saben. Aunque si no se ponen malos es fácil que vuelvan a casa con tres o cuatro picaduras de vete a saber tú que bicho del día ese que fuisteis a comer al campo y había unas cabritas muy monas. La erupción y los picores te dan una maravillosa noche intentando conciliar el sueño con la orquesta de grillos empeñados en demostrar sus dotes artísticas a todo volumen.

Y pese a todo ya estamos contando los días, preparando maletas, porque da igual que vayas a una casa equipada, hay que llevárselo todo, por si acaso… Y deseando ese paseo por el campo, esa cena con los amigos y esos picotazos de mosquito mutante. Al fin y al cabo donde se ponga un pueblo como Dios manda que se quiten todos los hoteles 5 estrellas todo incluido ¿no?

¿Tenéis pueblo? ¿Cuál es vuestra (des)ventaja favorita?

 

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10 comentarios en “Las (des)ventajas de tener pueblo

  1. Yo siempre he ido al pueblo de mi padre tienen una casita. Pero llego el momento de que nada me unia a ese mundo rural. Y deje de ir. Y decidi la playa y estar con mi marido y mis hijos no tengo nadie que me cuide a los niños para salir pero no aguanto las caras de mi padre que voy a su casa y le encanta que vayamos pero yo pierdo mi libertad. Y solo aguanto un par de dias como mucho. Mis hijos se suelen acoplar muy bien donde decidimos ir. A mi me cuesta mas acoplarme . Otro problemilla mi marido tambien tiene pueblo. ¿ Pues a cual vamos al tuyo o a el mio ? Pues a ninguno a la playa.

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  2. ¡Qué razón tienes! Yo lo que llevo fatal es (xomo dices) el perderme alguna escapadita a algún otro sitio. Y para añadir, si no vamos al pueblo, vamos a la ciudad de los abuelos. (Menos tiempo para escapaditas 😢) eso sí, después lo pasamos genial y nos encanta (pero ayy paris, roma, londres… quien pudiera)

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  3. Pingback: Los beneficios de salir al campo con niños |

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