No te equivoques, no los educas igual

Ahora que tengo más tiempo para estar en casa con las fieras, observarlas, ver como juegan, como se pelean, como charran y hasta como duermen vuelvo a pensar en lo diferentes que son, a pesar de que los hemos educado igual. ¿He dicho igual? Error. Eso es lo que decimos cuando hablamos de lo distintos que son nuestros hijos “y eso que los hemos educado igual”. Es más una frase hecha que una realidad, porque si lo pensamos un momento todos sabemos que no educamos igual a nuestros hijos. (Por si alguien se pone puntilloso con el concepto de educación, aclaro, me refiero a cómo tratamos a nuestros hijos, qué mensajes perciben y qué expectativas de comportamiento tienen al respecto. Si hablamos de educación en todo su sentido, como el conjunto de conocimientos, valores y creencias que les transmitimos, aquí sí hablaríamos del mismo mensaje)

Cuando empecé a estudiar Pedagogía una de las asignaturas que más me interesó fue psicología, y en concreto la teoría de la influencia del orden de nacimiento en la personalidad. Como primogénita que soy me gustó saber que los primeros, por el hecho de haber recibido toda la atención durante los primeros años, son personas con gran confianza y seguridad en si mismas. Además son perfeccionistas y suelen ser personas que se adaptan bien a las normas y logran el éxito. Los pequeños en cambio tienden a mostrar un carácter más infantil, fruto de haber sido tratados como bebés más tiempo. Son también más sociables y extrovertidos y algo irresponsables en su vida profesional. Y los medianos en esta ecuación serían personas que muchas veces no acaban de encontrar su lugar, tienden a agradar para no ser ignorados y suelen ser creativos y emprendedores.

No es más que una teoría, no podemos simplificar la personalidad de nuestros hijos a su orden de nacimiento, hay muchas variables que influyen en su carácter. Pero no deja de ser interesante y desde mi experiencia creo que tiene parte de razón. Básicamente porque es algo que surge de la pura lógica y cuando hablamos de niños el sentido común suele ser la mejor guía.

Más atención para el primero, más estímulos para el segundo

Cualquiera que haya tenido dos hijos es plenamente consciente de que al segundo no le va a dedicar ni de lejos toda la atención que tuvo el primero. Esto no tiene que ser malo por necesidad, tu hijo pequeño tendrá tu atención y la de su hermano, recibirá muchos más estímulos y tendrá un modelo más cercano a él al que imitar. No por casualidad se dice que los pequeños son más espabilados, entre otras cosas porque no les queda más remedio.

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Las comparaciones son odiosas pero las hacemos

Lo que fueron sorpresas y descubrimiento ahora son confirmaciones y comparaciones. Ya sabemos que no está bien pero nadie que yo conozca no compara la evolución de sus hijos desde el minuto uno:

-Primer pesó 3.400, Segun 3.200.

-A Primer le salió el primer diente con seis meses a Segun a los 7.

-Primer comenzó a andar a los 12 meses, Segun a los 10.

-Primer hilaba frases perfectas a los 18 meses, Segun tiene 3 años y ahora se le empieza a entender.

-Primer es mucho más reflexivo, Segun va lo loco por la vida.

Y así podríamos seguir. No nos damos cuenta pero todas estas comparaciones van calando en nuestros hijos. Es inevitable y, aunque intentemos no hacerlas en casa, vivimos en una sociedad que los compara desde que entran en el sistema, solo poniendo un 5 a uno y un 10 a otro ya estás comparando.  Podemos intentar cambiar la forma de decir las cosas, no es lo mismo “Primer a tu edad ya comía solo” que “Primer, enseña a Según a cortar la carne”.

El nivel de exigencia es mayor con los primeros, por tanto menor responsabilidad para el segundo

El primero nos preocupa más. Si estará comiendo lo adecuado, si duerme sus horas, si esa mancha será normal, si es feliz… Pero también es cierto que le exigimos más también y desde que es pequeño. Queremos ser los mejores padres y nuestro niño perfecto será esa aprobación que necesitamos en nuestro estreno en la paternidad. Que se tome todo el biberón, que no se le escape el pipí cuando le quitemos el pañal, que haga los dibujos más bonitos, que acabe infantil antes de los 6 años. No nos damos cuenta de que esta es una presión añadida que el segundo no tiene, simplemente porque hemos comprobado que no sirve de nada. Comerá lo que tenga que comer, se hará pis encima las veces que haga falta, hará unos borrones estupendos y acabará el cole cuando le toque, y tan felices.

Menos preocupados más cariñosos

Noches sin dormir oyéndole respirar, cuidado constante cuando empiezan a andar, preocupación por si su nivel de inteligencia es el normal, lecturas y lecturas sobre como quitar el pañal… podéis seguir añadiendo. Cuando llega el segundo llega un disfrute de la maternidad que se agradece, muchos miedos desaparecen, lo desconocido asusta, lo conocido no. Se duerme menos, pero con más tranquilidad, nos reímos con las caídas, que ahora son graciosas no para salir corriendo al hospital, quitamos el pañal casi sin darnos cuenta y sabemos que se nos hacen mayores volando. De ahí que haya más besos, más abrazos y más “apas” de las que seguramente le consentimos al primero.

Cuestión de carácter

Hay personas con las que notamos un feeling inmediato y otras que nos repelen desde el primer momento. Con los niños pasa igual, no estoy diciendo que nos vayan a caer mal, pero la relación con uno y otro va a depender de como encajemos. Como padres tenemos que ser capaces de reconocer esta realidad y tratar de adaptarnos, no pretender que nos lo cuente todo como su hermano o que nos haga tanta gracia cuando cuenta un chiste. Si nuestro hijo mediano es muy tímido y nosotros la alegría de la huerta tendremos que esforzarnos más para conectar con él que con el pequeño que es un fiestas, por ejemplo.

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No somos iguales

En definitiva no los criamos igual simplemente porque nosotros no somos iguales en cada momento de nuestra vida y sobre todo porque ellos tampoco lo son y lo que funciona para uno no funciona para el otro. A Primer le preocupa dejar juguetes sin recoger porque sabe que si no van a desaparecer, Segun va directamente y los tira, así que hemos tenido que buscar otra fórmula para recoger que no pase por la basura. Y bajo mi punto de vista ahí está la gracia, en esas diferencias, es el reto diario al que nos enfrentamos.

No esperemos que se parezcan, solo que nuestra influencia en ellos sea positiva. Busquemos potenciar su relación, al final de la partida solo se tendrán el uno al otro, así su fraternidad será una ventaja en su vida y encontrarán el apoyo, la complicidad y el amor que solo te puede dar un hermano.

PD: ¡Un beso Rosa!

 

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5 comentarios en “No te equivoques, no los educas igual

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