A mí sí me gusta la Navidad

Puede parecer una obviedad, pues no. No sé si “es tendencia” decir que no te gusta la Navidad, que odias la hipocresía y el consumo, que cerrarías los ojos y que todo pasara, que qué manera de derrochar, que menudo agobio de reuniones familiares, que los niños se van a volver tontos con tanto regalo, que vaya desperdicio de comida… El caso es que oigo más cosas en contra de la Navidad que a favor, así que hoy, día de Nochebuena, hago de abogado del diablo para decir bien alto: Me gusta la Navidad.

Seguramente sea una percepción personal y esté autosugestionada, pero durante estas fiestas me siento más feliz, en general mi estado happy comienza con la llegada de diciembre. Son pequeños detalles que hacen que perciba este mes como algo especial, desde siempre, y mucho más desde que soy madre. Y no, la mayoría no tienen nada que ver con el consumo. Veamos:

Me gusta que la ciudad brille. Que no se me tiren encima los detractores de la contaminación lumínica, pero me gusta la decoración navideña. Las luces, las alfombras rojas, negras o moradas en las puertas de los comercios, el espumillón y las bolas que se colocan en cualquier cosa con pinta de árbol, los villancicos que agobian sin parar en todos los rincones con un altavoz.

2015-12-05 18.19.05

Me gusta ver gente en movimiento. Familias, yayos, grupos de jóvenes, hombres y mujeres que siempre van con prisa… Centros comerciales, mercadillos y calles donde no cabe un alma. Malas caras, pisotones, empujones… En otra época odio absoluto, ahora me asoma la sonrisa.

Me gusta reunirme con los míos. Quedar con los amigos y ver a familia olvidada desde hace un año, con todo lo que eso supone… Discutir con el primo de política, hablar de como se le notan los años a la abuela, gritar todos a la vez sin que nadie se entere de nada, derramar el vino al intentar cazar el último langostino, sufrir porque el pequeño se atragante con el polvorón, llorar por los que no están.

Me gusta comer. Desde que el jamón entra por la puerta se abre la veda. Marisco, embutidos, patés, carnes, pucheros, chuletas, vino, champán, aperitivos con bravas y cerveza, meriendas de chocolate con churros… Todo muy ideal para la línea (curva claro) Encima ahora me da por hacer galletitas y tortas, compro ibéricos, quesos, bombones… En enero hablaremos la báscula y yo.

Me gusta ponerme guapa. El resto del año, más desde que hay niños, el dedicar 10 minutos a pensar en qué ponerme es un regalo. Ahora me lo tomo con más calma, esa falda con brillos, el suéter negro… Incluso me pongo rímel entre semana!

Me gusta regalar. Pensar en qué comprar a mis padres, a los niños, al papá… Salir a mirar juguetes, ropa, música o libros es una de mis aficiones. Aunque esta parte sí tiene un pero, cuando comparo mis aspiraciones con el presupuesto. Aún así todos los años acabamos más que contentos (y deseando que lleguen las rebajas para ir a cambiar.)

Me gusta la cabalgata. Creo que no me la he perdido nunca, incluso de jovencita arrastraba a amigas o novios a ver a Melchor, Gaspar y Baltasar, saludándoles ilusionada como si tuviera siete años. Así que ahora que tengo dos niños para disfrutar me lo paso pipa y es uno de mis días favoritos. Aunque acabemos reventados del plantón, de la resistencia codo con codo y con los hombros para tirar después de cargar con 15 y 23 kilos de niño.

Y me gusta la ilusión de mis hijos. Les encanta todo de la navidad. Poner el belén y el árbol es fiesta mayor en casa. Ver las luces, aunque sea una triste estrella, es motivo de jolgorio. Pueden estar más de 15 minutos quietos mirando un belén. Esperan con ansia el día de ir a patinar, la sesión de circo, la peli de dinosaurios o la visita a Expojove. Y por supuesto los regalos, ver sus caras la mañana de Navidad y Reyes e iniciar la ruta familiar sorprendiéndose en cada parada. Vivo con villancicos como banda sonora en casa desde hace tres semanas y las purpurinas del espumillón se han convertido en parte de los muebles. Y me encanta.

Sí, hay consumo excesivo. Sí, se come por comer. Sí, los niños se descontrolan. Sí, no hay quien aguante al cuñado… Pero hablamos de una vez al año, unos pocos días donde podemos disfrutar, dejarnos llevar e ilusionarnos.  Así que, ¿preparados? Que esta noche es Nochebuena y mañana Navidad.

¡Felices Fiestas!

 

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