Padres e hijos, ¿quién refleja a quién?

Hablaba hace poco de cómo ser madre diluye en parte nuestra identidad y la asimila con la de nuestros hijos. Creemos que nuestros hijos son el reflejo de lo que les hemos transmitido, pero nos olvidamos de algo importante: nuestros hijos van desarrollando su propia personalidad y cómo sean ellos acabará determinando como somos nosotros mismos.

Se habla mucho de la influencia que tenemos los padres en los hijos, de que son el reflejo de lo que les hemos enseñado, de cómo nos proyectamos en ellos… Pero no se habla tanto de lo contrario: de la influencia que tienen los hijos sobre los padres, de cómo determinan la imagen que los demás puedan tener de nosotros y de cómo pueden hacernos cambiar solo con vernos a través de sus ojos. Si nuestro hijo es sociable y simpático a ojos de los demás nosotros seremos los responsables y seguramente contemos con simpatías aún sin conocernos, lo mismo si es tímido y reservado. Esas peculiaridades se nos presuponen.

Pero, ¿es nuestro hijo así gracias a nosotros única y exclusivamente? ¿Es cierto que nuestro hijo es el rey del mambo porque nosotros también lo somos? ¿Somos los culpables de que no se relacione con nadie de su clase porque somos unos asociales? Desde que son pequeños les enseñamos, les educamos según nuestras creencias e intentamos transmitirles unos valores. Nos decimos a nosotros mismos que lo estamos haciendo bien, o al menos lo mejor que sabemos. Les decimos que no hay que pegar, que los problemas se solucionan hablando, que hay que respetar a los mayores… Esto es lo que les decimos, pero no olvidemos que los niños aprenden de lo que ven y perciben mucho más allá de lo que les digamos. Decir “en esta casa no se grita” a grito pelado, darle una colleja por pegar a su hermano, no dar los buenos días a los vecinos, llevarte fatal con tu madre… Podemos tener una idea muy clara de cómo queremos educar a nuestros hijos pero no es tan fácil ponerla en práctica y nuestros hijos aprenderán de nuestros defectos y virtudes.

Así que por un lado tenemos lo que les enseñamos, por otro lo que realmente les transmitimos y en tercer lugar su propia personalidad (aún habría que hablar de la variable del entorno social, aunque a estas edades no la considero tan determinante). Hay muchos estudios que afirman que antes de nacer el bebé desarrolla su personalidad en el vientre materno. Una parte suya única, personal, en la que poco podemos influir. Esa parte hará que por mucho que le digamos siga a la suya o al contrario, que haga caso a la primera. Es la parte que configura su ser por encima de nuestras enseñanzas. Podremos tocar con el dedo y moldear un poco pero su esencia es la que es.

Esto es algo que estoy aprendiendo ahora. Cuando son bebés no es tan fácil de ver, sí que notamos su carácter y si hay hermanos vemos las diferencias, pero es según crecen cuando esos rasgos propios surgen con más fuerza. Mi hijo mayor cumplirá en pocos meses 6 años, es perfectamente capaz de razonar todo lo que le digo, rebatirlo si no está de acuerdo e imponer su criterio. A veces lo miro y pienso “de donde ha salido este niño”, cada vez veo más de Él y menos de Nosotros y eso me gusta y me asusta. Me asusta porque me pregunto si sabré lidiar adecuadamente con esta persona que se está construyendo delante de mí, aunque es un miedo de los que te emocionan, como cuando subes a la montaña rusa.

Es un niño que siempre se ha adaptado a la perfección. En el ámbito escolar no hemos tenido ningún problema, lleva un ritmo muy bueno, tiene muchos amigos y, aunque tiene carácter, es generoso y cariñoso. Me gustaría atribuirme todo el mérito pero sé que no es así y el hecho de saber que esa imagen que transmite acaba siendo asimilada a mi misma hace que quiera superarme para estar a la altura de las expectativas que sin querer se crean.

Con el pequeño es diferente, con tres años recién cumplidos empieza a perfilarse cada vez con más claridad su personalidad. Va a la suya, algo tímido, con mucho genio, muy sentido y tremendamente cariñoso. Pensar que su carácter puede serme atribuido me sirve para verme de otra manera y sin darme cuenta me he vuelto mucho más besucona, yo, una rancia de los besos en toda regla.

Mis hijos me aportan no desde lo que yo les enseño, queriendo y sin querer, si no desde su propia esencia. Influyen directamente en mi comportamiento y llegan a cambiar partes de mí que consideraba invariables. Se supone que nosotros les marcamos el camino, que los hacemos en gran medida como son, pero cada vez estoy más convencida de que su influencia en mi crece con el tiempo y estoy deseando ver como seré dentro de unos años gracias a sus enseñanzas.

 

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6 comentarios en “Padres e hijos, ¿quién refleja a quién?

  1. Me encanta tu reflexión. Yo pensaba que al ser yo tan cariñosa mi hija sería igual y me equivoqué.
    La genética cuenta mucho, yo de pequeña era muy tímida, su padre ya ni qué decir, así que pese a que yo ahora me relacione con la gente con facilidad, salude y de besos, en ella sobre todo predomina su carácter y su forma de ser, desde hace mucho tiempo. Sólo es cariñosa con quien ella quiere y cuando quiere.
    Pero es cierto que me ha cambiado. Creo que antes mi mayor virtud era la paciencia que tenía para todo. Ahora con ella no tengo tanta, en parte por su carácter, porque si le doy carrete no acabaríamos nunca, así que soy más tajante que antes.
    Me parece alucinante que la personalidad de un adulto, ya definida, pueda cambiar por la existencia de nuestros hijos.

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  2. Estoy totalmente de acuerdo contigo, las personas influimos unas en otras, sean los padres sobre los hijos o viceversa. Cuando los hijos van creciendo y van formándose como personas, nos dan grandes lecciones y hacen que nosotros como padres cambiemos. Yo he aprendido mucho de mis adolescentes y cada día más, no somos iguales, por el hecho de que sean tus hijos no significa que vayan a ser o vayan a pensar como tú, y eso es bonito 🙂 Feliz día guapa y gracias por tu post!!!!! 🙂

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    • Gracias por tu comentario. Estoy deseando ver lo que aprendo de mis hijos! Ahora que son pequeños me sorprenden cada día más, así que la aventura de crecer promete ser interesante, espero ir leyéndolo en tu blog!

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  3. “…estoy deseando ver como seré dentro de unos años gracias a sus enseñanzas.”. Me gusta especialmente este párrafo final de tu artículo. A menudo los padres educamos proyectando inconscientemente en nuestros hijos nuestras carencias, que por vivirlas como tal, creemos que son lo que hará feliz a nuestro hijo. Olvidamos que tienen personalidad propia, valores propios y que, si bien es cierto que nos influimos mutuamente, no lo es menos que al decidir aceptarlos plenamente, sintamos una especie de vértigo ese… “me pregunto si sabré lidiar adecuadamente con esta persona que se está construyendo delante de mí…”. Dejar de lado nuestro ego, aquello que creemos firmemente pero, a veces equivocadamente, “es lo mejor” para nuestros hijos para escuchar a quien realmente es nuestro hijo.

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