No me llames Mamá

Cuando estaba embarazada una de las primeras veces que acudí a la matrona me llamó por un nombre que estaba deseando oír: Mamá. Supongo que para ella era más fácil que recordar el mío y estaba tan acostumbrada que en sus labios sonaba de lo más natural. Pero a mí me pilló por sorpresa y en ese momento fui consciente de que este iba a ser mi nombre a partir de ahora.

Todas las que tenemos hijos sabemos que desde el momento en que llega al mundo, incluso antes, dejas de ser tú para convertirte en la “Mamá de”, he tenido pediatras que nunca han sabido lo que pone en mi carné de identidad. Es lógico y hace ilusión al principio, es la novedad. Pero según se va haciendo mayor te das cuenta de que no es algo temporal, de hecho va a más. El momento cumbre es cuando tu pareja te llama Mamá, ahí hemos tocado fondo.

El otro día mi hijo pequeño se tuvo que esforzar para recordar como me llamaba, “Mamá” dijo, “no, de verdad”, “Mamá de Eloy”, respondió, en fin… Después de recordárselo le gustó la idea y se pasó la tarde llamándonos por nuestros nombres oficiales. Sonaba raro en su boca pero fue agradable por un rato.

No es que me importe ser Mamá, me gusta, y creo que es una de las palabras más bonitas que existen, sin contar cuando la repiten sin cesar y desearías que no hubieran aprendido a hablar nunca, lo que sucede es que al perder el nombre perdemos también parte de nuestra identidad, más bien asumimos la suya, aunque no queramos.

De todo esto me di cuenta cuando empezamos en el cole. Al principio todas somos “Mamá de”, pero este apelativo no va solo. Somos Mamá de Juan, el llorón, Mamá de Inés, la pegona, Mamá de Pedrito, el gracioso, Mamá de Susana, la desobediente… y así podríamos seguir. Estas cualidades que, admitámoslo, todos ponemos a los compañeros de clase de nuestros hijos acabamos asociándolas también a los padres y sin querer definimos la identidad de los mismos prácticamente sin conocerlos. Si pega por algo será, si grita habrá que ver como le hablan, si es tan tímido es que su madre es una introvertida.  Reconozco que mucho de nuestros hijos está en nosotros mismos pero a veces nos pasamos y creo que el primer paso es empezar a llamarnos por el nombre.

Yo soy la primera que muchas veces llamo a las madres por el nombre de sus hijos,  si hablamos de la clase del pequeño ya ni te cuento, no recuerdo como se llaman la mitad de los niños, como tuviera un tercer hijo tendría que tatuarme hasta su nombre. Hagamos un esfuerzo, no se trata de aprendernos todos los nombres de memoria pero intentemos preguntar y sobretodo no presuponer nada.

Está bien ser “Mamá de” pero recordemos que somos Ángeles, Rosa, Amparo o Elena. Con nuestra personalidad, más allá de la de nuestros hijos, con nuestras necesidades, más allá de las de nuestros hijos y con las mismas ganas de seguir sintiendo que somos algo más que Mamás, que no se nos olvide.

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2 comentarios en “No me llames Mamá

  1. Pingback: Padres e hijos, ¿quién refleja a quién? | La vida manda

  2. En mi caso todavía estoy en la etapa que me gusta ser “el papá de…” No sé si dentro de un tiempo puede que no me haga tanta gracia ;), mi identidad todavía la mantengo en otros círculos en los que me muevo y espero mantenerla en estos, si la pierdo creo que es cuando ya no me gustaría tanto ser el papá de…

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