La ilusión de los Reyes Magos, no solo de regalos viven los niños

Esta noche es una de mis noches favoritas del año. Sí ya sé que los Reyes tienen muchos ayudantes, pero no puedo evitar sentir la misma emoción que cuando era pequeña y no me movía de la cama, aunque me hiciera pis, por si los descubría y se iban sin dejar nada. Aún recuerdo también esa mañana en la que ya sospechaba algo y me quedé de piedra cuando vi que no había regalos mientras mi hermana lloraba desconsolada (al final es que nos habíamos olvidado de abrir el balcón, obvio). Es una ilusión que si se vive en la infancia se mantiene de adulto y dota de una magia especial a nuestra vida. Ahora que la ayudanta oficial soy yo, siento la responsabilidad de transmitir esa ilusión y hacerlo a la vez de una manera responsable. Esto es, no crear pequeños déspotas del regalo que no miren más allá de lo que les pueden traer. Esto es lo difícil.

Ayer estábamos acabando de ultimar la carta a los Reyes Magos y bien sea porque está empezando a escribir y se cansa o bien porque realmente no quiere nada más (que va a ser lo primero), el caso es que sus peticiones se limitan a tres y una de ellas compartida con su hermano. Por supuesto las tendrá, faltaría más, y no solo esas tres, sino otras seis o siete más en otras casas. Por mucho que diga que este año no me pasa, que no pienso tener la casa llena de juguetes que al final casi ni utilizan, al final acabo cayendo y sé que en noviembre volveré a llenar un par de bolsas con juguetes semi nuevos para donar, no hay mal que por bien no venga.

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Hay que asumir que las Navidades son unas fechas en las que regalamos y regalamos, ¿estamos criando pequeños consumistas? Seguramente, es lo que tiene vivir en una sociedad de consumo. ¿Podemos hacer algo? Si, y esto es lo más difícil, debemos inculcar a nuestros hijos que no se trata solo de regalar y comprar. Hay valores como la solidaridad que también están en boca de todos estos días, es el mejor momento para enseñárselo, así como  la importancia del agradecimiento o que tomen conciencia de lo que tienen y lo valoren.

Pero sobre todo son días de ilusión. Estos días nos han servido para pasar más tiempo con nuestros hijos, o al menos más tiempo festivo. Ellos lo valoran mucho más de lo que podemos imaginar. Más allá de los regalos de Papá Noel mi hijo recuerda lo bien que lo pasó “en esa casa tan grande” con sus primos el día de Nochebuena, o el transformer del circo, o el paseo viendo el gran árbol iluminado de la plaza del Ayuntamiento, o el robot del museo de las Ciencias. Ahora espera a los Reyes con ilusión pero también está deseando que llegue el viernes para irse con su tía a ver Starwars.

Quiero decir que estas fiestas pueden ser consumistas sí, pero nos permiten hacer muchas más cosas para demostrar a nuestros hijos que no necesitan montañas de regalos para ser felices. Yo me daría por satisfecha si cuando se hagan mayores y ayuden a los Reyes sean capaces de seguir sintiendo esa ilusión, piensen fórmulas para que sus hijos se sorprendan cada año y saluden como locos cuando ven pasar a Melchor, Gaspar y Baltasar.

Y ya que me pongo a pedir espero que Sus Majestades me traigan mucha paciencia, mucha energía y muchos lectores! (Un bolso y un vestido tampoco estarían mal…)

Felices Reyes.

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