Educación: España no es Finlandia (ni tiene que serlo)

La educación siempre es un tema candente. En un país como el nuestro, sistemáticamente mal parado en las famosas pruebas PISA y líder del abandono escolar en la UE con casi un 22%, parece claro que el modelo educativo está obsoleto y se hace necesario repensar todo el sistema. Las recientes elecciones van a dar pie a un nuevo modelo político, con un congreso plural donde se va a tener que hablar y mucho. Esperemos que este nuevo perfil traiga por fin los cambios que necesita nuestra educación.

Campañas en contra del abuso de los deberes, auge de la enseñanza por proyectos fruto de la necesidad de implicar al alumno en su proceso de aprendizaje, cuestionamiento de la necesidad de aprender a leer a edades tempranas…Nuestra sociedad es cada vez más consciente de que el modelo educativo actual no funciona como debiera. Y cuando hablamos de reformar, renovar y buscar nuevas vías en el difícil camino educativo no puede faltar el ejemplo del país nórdico. No estás hablando en serio sobre educación si no mencionas Finlandia al menos tres veces en tu argumentario.

El contexto de la educación finlandesa

¿Es tan maravilloso este modelo? ¿Tiene que ser el espejo en que mirarnos? Sus resultados educativos parecen indicar que sí, lleva años en los primeros puestos de las mentadas pruebas, sus alumnos salen sobradamente preparados y además con un tipo de enseñanza en el que son protagonistas. No paran quietos y ahora que han bajado un poco de los primeros puestos ya se han puesto manos a la obra y han anunciado para el año que viene la eliminación de las asignaturas, así como una mayor presencia de la escritura mecanografiada en detrimento de la caligrafía tradicional.

¿Realmente podemos aplicar sus maravillosas soluciones a nuestro maltrecho sistema educativo? No. Matizo, ahora mismo no. La educación que cada país imparte debe entenderse dentro de su contexto social. El modelo finlandés funciona porque hay una serie de estructuras que lo mantienen. Bajo mi punto de vista hay dos que son fundamentales:

  • Los profesores son los amos. Dedicarse a la enseñanza en Finlandia es lo más prestigioso que se puede hacer. Los requisitos para acceder al magisterio son muy duros y una vez superada la carrera deben pasar exigentes entrevistas. Es una profesión bien remunerada y con una gran consideración social, lo que dota a sus profesores, muy preparados y con auténtica vocación, de autoridad y respeto.
  • La educación es pública y gratuita. No hay prácticamente colegios privados ni concertados. La educación se entiende que es para todos, sin limitaciones de ningún tipo. No se paga por libros ni material, además el dinero público se reparte de forma equitativa entre todos los centros, según las necesidades de cada uno, compensando la desigualdad.

Esto no se ha conseguido de la noche a la mañana, es fruto de muchos años de trabajo y del convencimiento de que este es el camino, más allá de siglas políticas e ideologías. Es por ello que hoy en día resulta difícil extrapolar este modelo a un país que desde 1970 ha visto pasar la EGB, la LODE, la LOGSE, la LOCE, la LOE y la LOMCE.

No está todo perdido

Entonces ¿estamos condenados? Es evidente que no, iniciativas hay muchas, la comunidad educativa se plantea nuevas formas de afrontar los cambios necesarios. Un ejemplo claro sería The Flipped Clasroom en la línea de la mentada enseñanza por proyectos, que merecerá una entrada aparte.  The Flipped Clasroom desarrolla experiencias educativas que tratan de “darle la vuelta” a la clase. En líneas generales se deja la adquisición de ciertos aprendizajes para fuera del aula, por medio de videos educativos elaborados y supervisados por los profesores, y se aprovecha el tiempo de clase para practicar lo aprendido o adquirir otros conocimientos. Es un proyecto abierto a profesores de todos los niveles, en su web se puede encontrar toda la información

Aún así no todos apuestan por la innovación a toda costa, en nuestro país se mantiene una tendencia que defiende la enseñanza tradicional. Recientemente leí una entrevista al experto en educación Gregorio Luri en la que planteaba que todo ese sistema está muy bien pero que lo que la sociedad requerirá al final de la partida son competencias, conocimientos y hábitos, más allá de “fórmulas retóricas muy sofisticadas detrás de las cuales no hay ningún contenido claro”. No es ninguna locura pensar que hay cosas que los alumnos deben memorizar y que la caligrafía, los deberes y la estructura por asignaturas ayudan a la organización mental del alumno. Tampoco podemos negar que durante los 30 años que estuvo la EGB, una ley centrada en los resultados, la educación en España logró importantes avances. Con la LOGSE se buscaba un modelo centrado en el proceso, más allá de las notas. Y a la LOMCE mejor ni la nombro por lo que pueda pasar. Pero a la vista de los resultados parece ninguna acaba de convencer.

Quizá hemos querido pasar de uno a otro extremo demasiado deprisa, quizá haya que estudiar nuestra sociedad con detalle antes de lanzarse a plantear leyes. Y hablar, mucho, con profesores, colocarlos en el lugar que se merecen, exigirles sí, pero primero escucharles.

No tengo la solución, ¿un poco de tradición con la necesaria innovación? Yo no lo sé, pero tengo claro que Finlandia tampoco. Es desde aquí desde donde debe trabajarse tomando medidas fruto del consenso con todos los implicados. Estamos en un momento importante a nivel político con un congreso que se perfila plural, lo que brinda la perfecta ocasión de abordar por fin la cuestión educativa. Aplicar medidas realmente efectivas, luchar por mantenerlas y mejorarlas año tras año, sin que el vaivén político influya. Porque la educación no cambia cada cuatro años, ni puede ser moneda de cambio, hasta que no entendamos eso seguiremos a la cola.

PD: ¿Las habéis contado? Tres veces he nombrado al amigo europeo, que no se diga que no hablo en serio ¿eh?

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4 comentarios en “Educación: España no es Finlandia (ni tiene que serlo)

  1. Lo que yo defiendo es que la dicotomía innovación-tradicional, no debería sustituir a la de bueno-malo. Hay metodologías que se presentan como innovadoras (trabajo por proyectos, por ejemplo) que pueden ser buenas, pero en ningún caso son nuevas, ya que tienen cien años; hay propuestas nuevas (inteligencias múltiples o estilos de aprendizaje) que no tienen ningún soporte científico), espejismos (como el de la aplicación de hallazgos muy específicos de las neurociencias a la pedagogía, dando por supuesto que el cerebro no es una unidad funcional o que se puede pasar fácilmente de la experimentación de laboratorio a la explicación de un comportmaiento humano)… hay incluso hipótesis psicológicas innovadoras (la teoría CHC -Cattell-Horn-Carroll-, por decir una) que pasan completamente desapercibidas por los innovadores pedagógicos. Añado que, en general, el constructivismo puede tener sentido con los niños que llegan a la escueala con materiales de construcción (un vocabulario complejo, por ejemplo), pero dudo que lo tenga con los niños de familias culturalmente pobres.

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